¿Por qué Dios Nos Pregunta?
by Carlos Jiménez
E

l preguntar es un arte. Los grandes maestros de la historia han sido aquellos que basan su pedagogía en los cuestionamientos; no precisamente porque no conocen las respuestas, sino, porque a través de ellas los aprendices interiorizan sus necesidades, temores, aspiraciones, sueños y se confrontan con su realidad.

El diccionario define el término “pregunta” como: una interpelación que se realiza con la intención de obtener algún tipo de información. Al pronunciar esta interrogación, se espera recibir una respuesta que incluya los datos buscados.

Desde muy pequeños, preguntamos y preguntamos: ¿para qué sirve esto? ¿cómo funciona este juguete? ¿qué pasa si presiono aquí?, un conocimiento que se construye con interrogantes.

Conforme el tiempo avanza, no son ajenas esas preguntas exitenciales que tarde o temprano nos planteamos: ¿quién soy? ¿para qué estoy aquí? ¿hacia dónde voy? Seguramente todos, sin excepcion hemos tratado de colocar a Dios en la silla de los interrogados: ¿por qué a mí?, ¿dònde estabas?, ¿por cuánto tiempo más? y exigimos respuestas, mientras más rápido mejor.

Pero, qué sucede, cuando las respuestas que esperamos son contestadas con preguntas del mismo Dios omnisapiente, por aquel que tiene el conocimiento absoluto de todo, y al igual que a Job nos dice:

“Pórtate como hombre, y prepárate; yo te voy a preguntar, y tú me vas a responder” (Job 38:3 RVC).

Imborrables momentos, experiencias y emociones, cuando escuchaba en labios de mi padre, ¡Carlos! Tengo que hablar contigo, hay una serie de preguntas que tengo que hacerte. Yo sabía que tenía que ceñirme los pantalones y prepararme para lo que estaba por venir. Sin embargo, mi padre, nunca tenía una actitud de juez, mucho menos de tirano y acusador. Eso sí, cada pregunta pronunciada y emitida por sus labios, esperaban una respuesta sin ambiguedades y rodeos; al fín y al cabo lo que más anhelaba él, era ayudarme, enseñarme, corregirme para que yo tomara la decision correcta.

¿Es posible que Dios nos pregunte algo? ¿estará Él interesado en escuchar nuestras respuestas? ¿por qué Dios nos pregunta? La Biblia esta plagada de muchas preguntas que Dios hace a los seres humanos. Basta con leer el libro de Job, y observar que en tres de sus capítulos aparecen más de cincuenta cuestionamientos que forman parte de  la interpelación divina en los capítulos 38 al 40.

Sin lugar a dudas, muchas de las preguntas que Dios nos hace, son en momentos específicos y dependiendo de la circunstancia en la que nos encontremos. Sin embargo, esa primera pregunta que Dios hizo en la Escritura en el libro de Génesis 3:9 ¿Dónde estas tú?, sigue teniendo vigencia, y nos confronta a evaluar y conocer nuestra realidad.

Seguramente, Dios conoce dónde nos encontramos; pero cuando Él pregunta, es porque nosotros mismos necesitamos la respuesta. Al igual que Adán, despues de haber desobedecido y tratado de esconderse de Dios, la pregunta es una vez más, ¿Dónde estás tù? No el vecino, no el amigo, ni el hermano, o el cónyuge, sino, “tù”. Esta pregunta que perfora la conciencia de inmediato y nos llama a meditar en la condición en qué nos encontramos. ¿Es este el lugar y la condición en la que Dios me quiere?

Veamos el cuestionario de Dios; y no olvidemos que para responder nos demanda lo mismo que a Job, “Pórtate como hombre, y prepárate. Yo te voy a preguntar, y tú me vas a responder” (Job 40:7).

Ante la indiferencia, quejas, apatías, inconformidades y reniegos constantes, Dios nos pregunta ¿Qué te he hecho, en qué te he molestado? (Miqueas 3:6). Una pregunta para reaccionar. Recordemos las maravillas que Él ha hecho con nosotros.

En un momento en el cual pudieron habernos fallado amistades, familia, aún la misma iglesia, Dios nos pregunta ¿qué mal te he hecho?, en gran número, las cosas adversas que atravesamos son fruto de nuestras malas decisiones y consecuencias de la misma desobediencia. Traigamos a la memoria de dónde Dios nos rescató, cómo vivíamos antes de conocerle, y lo grande que Él ha sido en nuestro peregrinaje por la vida.

Amararemos los cinturones, y recordaremos que nuestras respuestas deben ser realistas, sinceras, sin fingimientos, no aparentando una falsa religiosidad. Por tal razòn, contestemos aquello que le preguntó a Caín en el principio de los tiempos: ¿Dónde está tu hermano? Génesis 4:9. Curiosamente la respuesta de la gran mayoría sigue siendo esquiva: ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?

Dios, ¡estoy vivo! ¡me encuentro bien! ¡no me falta nada!, la vida de mi hermano, es cuestión de él. Esta es una de esas preguntas que incomodan. Probablemente pensemos: ¡suficientes problemas tengo! ¡yo debo dar cuenta de mi familia! ¡los demás no son mi responsabilidad!

¿Dónde está tu hermano? Es un recordatorio, evocando que debemos compartir con los demás, abriendo las ventanas de nuestras casas, observando el dolor ajeno, con el fín de llevar esperanza, justicia y verdad. Yo conozco de Jesùs, soy salvo y amo a Dios con todo mi corazón, pero . . . ¿Dónde está mi hermano?

Las preguntas que Dios nos hace, no tienen fecha de caducidad, siguen resonando en la mente de aquellos que le aman. ¿Qué tienes, qué te pasa? una interrogante del Padre Eterno a una mujer  marginada, desechada y abandonada en el desierto. El llanto agonizante de esa madre en medio de la soledad. Pero Aquel que conocía aún su nombre y veía las lágrimas que se mezclaban con la arena y el viento frio, ¿Qué te pasa? Génesis 21:17. Una pregunta, que va más allá  de un simple formalismo, y que denota un verdadero interés. El Dios que conoce nuestro andar y presta atención a cada circunstancia y nos recuerda con su pregunta, “yo cumpliré, lo que te prometí”.

Cuando Él pregunta, es porque nosotros mismos necesitamos conocer la respuesta. Abramos nuestros oídos y escuchemos lo que Dios nos está preguntando: ¿dónde estás? ¿qué te he hecho? ¿dónde está tu hermano? ¿Qué te pasa? No dudo que hay otras interrogantes que Dios nos plantea, con el objetivo de llevarnos de la mano en su pedagogía divina para seguir acompañándonos en el día a día.

por Carlos Jiménez
Director Latinoamericano de Generación Emergente