Algunas Habilidades del Líder Resiliente
by Carlos S. Morán
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O RECUERDO el lugar ni el momento, en que por primera vez leí esta frase: «Los momentos duros no duran, las personas duras sí.» Las frustraciones y los malos tiempos que se experimentan en el liderazgo a veces nos provocan a querer darnos por vencidos, tirar la toalla o sencillamente abandonar el puesto de servicio. Ninguna persona que lidera es ajena al sentimiento de la ineptitud o la desilusión, ni al estrés que parece no tener fin. La transparencia en el liderazgo nos permite admitir que talvez en más de una ocasión hemos estado a punto de estallar y decir «ya no puedo más.» A pesar de esta realidad, hay líderes que han superado las adversidades y se han realizado en sus diferentes funciones.

La Biblia está repleta de ejemplos de personas que superaron la adversidad. Por ejemplo, José vence el complejo de haber sido vendido como esclavo, de haber sido acusado de acoso sexual y de ser engañado por alguien que prometió ayudarlo para salir de la prisión. Para llegar al palacio, José tuvo que sobreponerse a la experiencia del pozo, de la casa de Potifar y de la prisión.

Otro ejemplo clásico de alguien que vence la adversidad es la gran dama que se describe en el libro de Ruth, Noemí. »Cuando salí de mi tierra tenía las manos llenas y ahora me he quedado sin nada» dijo Noemí. Hasta el nombre se cambió para describir su sufrimiento. Llámenme Mara en lugar de dulce pidió Noemí. La resiliencia de Noemí se expresa en perseverar hasta que Ruth, su nuera contrajo matrimonio con Boaz. Al tiempo, Ruth tiene un hijo, quien va a asumir la tarea de cuidar a su abuela en su vejez. El amor que Ruth le tiene a Noemí se expresa en Ruth 4:15. Dicho amor se describe como uno que vale más que siete hijos.

La resiliencia tiene que ver con la capacidad que manifiesta cualquier persona para sobresalir de las circunstancias negativas o problemas que se le presentan en su vida. De las luchas suele salir fortalecido y más maduro. Así que, los líderes resilientes aprovechan cada situación para crecer y desarrollar al máximo su potencial.

Los líderes resilientes admiten que la vida es agotadora, pero no permite que el agotamiento lo detenga en el desempeño de sus funciones. Éstos dependen de la gracia y el favor de  Dios para afirmar que después del huracán, llega la calma. No se suscriben al liderazgo barato, sino que son personas con un alto grado de compromiso, fidelidad, impacto, optimismo y buen humor, de tal manera que los que están alrededor se preguntan ¿cómo puede seguir adelante a pesar de las dificultades que atraviesa?

Los líderes resilientes poseen varias habilidades que los hacen brillar. Aquí se describen algunas de ellas. Un líder resiliente:

Posee un conocimiento transparente de sus capacidades y limitaciones. El autoconocimiento es una habilidad eficaz para enfrentar los contratiempos y retos del diario vivir. No se ahoga en un vaso de agua ni se complica la vida, enfrenta con sus aptitudes las situaciones en las que sabe hacerlo y busca ayuda de sus aliados para que se encarguen de manejar lo que no puede componer. Resuelve lo que está al alcance de él o ella, no se abate, ni se pone a lamentar cuando el problema lo traspasa, se conoce tan bien, que tienen claro los límites de su potencial.  Por eso, no se deprime fácilmente ante nada y usa lo desconocido para expandir sus conocimientos.

Permanece enfocado en sus objetivos y no en el fracaso. El líder resiliente ve los fracasos como los peldaños que lo llevan a la realización de sus objetivos. Usa los tropiezos de la vida como oportunidades de aprendizaje y adquisición de sabiduría. Aprovecha las crisis como una verdadera oportunidad de cambio. Por más notable que sean sus desafíos, afirma que no hay mal que dure cien años. Su optimismo le permite ver la luz al final del túnel. Su flexibilidad en afrontar el fracaso le ayuda a pasar las tormentas con rapidez.

Prescinde de las personas fastidiosas. El líder resiliente es cauteloso en la selección de sus aliados y amistades. Las lecciones de la vida le han enseñado a ser prudente en cómo escoge a sus amistades. No permite que las personas tóxicas extraigan sus energías mentales y emocionales. Se protege de la contaminación de las personas que estorban su progreso y desarrollo.

Persevera hasta realizar sus metas. El líder resiliente modifica sus conductas y buscan todas las alternativas posibles para realizar sus objetivos. Se encauza hacia sus metas a pesar de los baches en el camino o los reajustes de rutas. No deja de moverse. No pierde su gozo, porque sabe que lo fortalece. Sonríe y refleja una mirada de optimismo y seguridad.

Proyecta que no lo domina todo: El afán de dominar cada aspecto de nuestras vidas es una fuerte causa de ansiedad, tensión y estrés. La necesidad de proyectar control y dominio constantemente nos puede llevar al fracaso especialmente cuando vemos que se nos escurre el control de las situaciones. El líder resiliente maneja con sencillez este aspecto porque no anda procurando el control de lo que no le corresponde. Si delegan, confían que el líder va a realizar su cometido. Si hay que modificarles la carga a los que dirige, porque no pueden llevarla, lo hace con gracia y no se hecha encima la carga de ellos. El o ella admite sus límites sin sacrificar su influencia.

El líder resiliente no malgasta el tiempo, lo redime porque sabe que los días son malos. Conduce su propio barco. Pone a prueba sus ideales, no se dejan manipular, enfrenta las adversidades con valor, se supera, proyecta confianza, perseverancia y flexibilidad.

Carlos S. Morán, Ed.D., es el director de Ministerios Hispanos por la Iglesia de Dios.